¿Realmente Cristobal Colón descubrió América? ¿Quién podría poner en duda semejante hecho histórico? Formulemos la pregunta de otra manera: ¿Descubrió Colón América por casualidad como dice la historia o sabía perfectamente adonde iba?
El padre Las Casas, que fue sin duda uno de los historiadores más sensato y veraz de cuantos se han encargado de estudiar la gesta española en América, dejó escrito seguramente con cierta ironía, que Cristóbal Colón en su famoso viaje del Descubrimiento, no fue a la aventura. Absolutamente todo estaba calculado al milímetro, nada se había abandonado al azar y el almirante conocía perfectamente adonde iba y cómo debía navegar para arribar al supuesto nuevo mundo. Esta afirmación no había sido lanzada sin fundamento por el Padre Las Casas, sabía lo que se decía.

Colón, en realidad, no descubrió nada porque todo estaba ya descubierto. De eso hoy, ya no nos debería de quedar ni la más mínima duda. De alguna u otra manera, el Almirante consiguió unos mapas extraordinariamente minuciosos que en secreto utilizó. ¿Cuáles pudieron ser estos mapas?
El planeta Tierra es conocido en su totalidad desde hace milenios y de ello existen cientos de referencias indudables en casi todas las culturas:
Platón escribió: <el Atlántico es navegable desde una isla situada al oeste de los estrechos que vosotros llamáis las columnas de Hércules; desde ella se pueden alcanzar otras islas y desde éstas es factible pasar al continente que hay frente a ellas y que circunda al verdadero océano>. Eso quiere decir que más allá del estrecho de Gibraltar, haciendo escala en las Islas Canarias, se llegaba a las Antillas y desde allí a América.
En la Universidad de Yale se guarda un mapa, fechado en el 1440, que demuestra sin lugar a dudas que los vikingos llegaron a Groenlandia y Canadá siglos antes de que lo hiciera Colón a América.
En el siglo XIII el sabio Nasireddin Tusi, astrónomo y cartógrafo, describió muy detalladadamente las costas de América del Sur doscientos cincuenta años antes de que “oficialmente” fueran descubiertas.
Admitamos pues, la posibilidad que quizá hace 10.000 o más años existió una civilización, o varias, con grandes conocimientos técnicos de las que solamente han llegado hasta nosotros leves rumores y algún que otro insólito hallazgo.
En los primeros años del siglo XVIII se encontraron en el palacio Topkapi de Estambul unos extraños mapas distorsionados que citaban y describían lugares concretos. Entonces no pudieron ser bien interpretados, quedando apartados como una reliquia del pasado. En los documentos figuraba que aquellos mapas habían pertenecido a Piri Reis, un navegante turco del siglo XVI.
Esta colección se conserva totalmente en su país de origen excepto dos mapas que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Berlín en los que aparecen la cuenca del Mediterráneo y el mar Muerto. El mismo Piri Reis anotó en los márgenes que para la confección de sus cartas de navegación había utilizado una compilación de ellos que ya existía con anterioridad y que se conocía con el nombre de Bahriye (colección). Las distorsiones que aparecen en los planos, lo son sólo en una interpretación lineal sobre una superficie plana, pero ajustando los mapas en un globo de grandes dimensiones, desaparecen las incorrecciones y todo, mares, tierras e islas, quedan en su lugar.
El Bahriye estaba compuesto por 210 mapas parciales con el título genérico del Libro de los Mares fechados entre los años 1513 y 1528. Abarcan desde Groenlandia hasta la costa Antártica pasando por el norte de África, Florida, Terranova o España. Piri Reis había añadido en sus notas que preparó sus mapas utilizando también 20 viejos planos y 8 mapamundis confeccionados en la época de Alejandro Magno donde aparecía la totalidad del mundo habitado. De ser cierto, nos trasladaríamos de golpe a muchos siglos atrás.
Esto nos indicaría que en los tiempos de Alejandro Magno, en el siglo IV a.c., eran conocidos los mares y los continentes que aparecerían después en el Bahriye y en los propios mapas de Reis. 
Según las anotaciones de Reis, supuestamente de su puño y letra, obtuvo los mapas en el año 1507, tras una refriega frente a las costas de Valencia, en la que capturó siete buques españoles. Uno de los marineros apresado llevaba en su poder los mapas que había utilizado Colón y de los que se sirvió para sus viajes y descubrimientos. El marinero afirmó haber acompañado al Almirante Colón en tres de sus cuatro viajes y que los mapas eran de la época de Alejandro Magno.
Los descubrimientos realizados en el continente americano por Colón, Vespucio y Magallanes hasta el año 1513, fueron sólo parciales y podían haber reflejado algunos puntos dispersos de la costa pero en ningún caso la totalidad del territorio. En los mapas de Reis, está descrita completamente la costa y los deltas de los grandes ríos en los que tampoco entraron los descubridores. Cortés llegó a la costa de México en 1520 y Pizarro al Perú en 1531, mucho después de la fecha que ostentan los mapas de Reis.
La conclusión razonada de la totalidad de los estudios para los que se han servido de todos los medios de la técnica actual, es que los mapas de Piri Reis fueron trazados basándose en fotografías aéreas, tomadas a una extraordinaria altura y desde una especie de satélite, imposible de imaginárselos si quiera en los primeros años del siglo XX.
En estos mapas hay varios detalles extraordinarios:
La Antártida no aparece cubierta de hielo y se ajusta a su contorno y relieve reales, reflejando las altitudes y otros accidentes, los cuales se descubrieron el siglo XIX.
En el mapa Zeno, fechado en el año 1380, también se puede observar como Groenlandia está dibujada sin la capa de hielo que la cubría por entonces, surcada por ríos, motejada de montañas y accidentes geográficos que para nosotros fueron “visibles” mediante los sondeos realizados por Paúl-Emile Víctor en su expedición al polo Norte en 1947. Las montañas, los ríos y el contorno estaban sumergidos bajo una espesísima capa de hielo ya en el final del siglo XV y mucho antes incluso. ¿Cómo pudo ser trazado el mapa?
Un detalle sorprendente es que se puede ver con toda claridad y precisión que entre América del Sur y África hay una isla, de gran tamaño, denominada Antilia, donde hoy no hay nada más que agua. ¿Se trataría del mítico continente Atlántida?
Esto nos lleva a pensar que los mapas debieron ser confeccionados en una época remotísima, antes de la última glaciación, hace muchos miles de años.
Teniendo en cuenta que todo lo citado anteriormente son hechos reales y autentificados, cabe dejar una posibilidad a pensar que quizá algunos hechos “históricos” no ocurrieran tal y como nos los han explicado. Sin tratar de restar méritos a Colón y sus hombres por realizar la hazaña de navegar durante meses, cruzando el Atlántico en pequeños navíos, pasando hambre, sed y otras calamidades, añadiremos otro detalle más que apoyaría la versión de que Cristóbal Colón sabía algo más. Es conocido que el Almirante no pudo reclutar a demasiados marineros suficientemente experimentados para realizar tan arriesgada expedición ya que no podía revelar los verdaderos detalles de la supuesta aventura. Por este motivo, no tuvo mas remedio que “enrolar” a maleantes, presos, enfermos y mendigos, lo que aparte de provocarle bastantes problemas y motines, ayudaría a explicar la enorme cantidad de muertes de indígenas americanos, mas de 10 millones, que se produjeron en los años posteriores a la conquista por culpa de la peste, tifus y otras enfermedades “importadas” por la tripulación.
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